- Alone
Él nunca hubiera imaginado que aquella situación pudiera ser realidad. Una persona de su estatus social debería tener otra actitud frente a sus problemas , pero la soledad le acompañaba ya hacia tiempo y se había convertido en algo común en su vida. Hacía ya tres días que llovía y el sentado frente a la ventana, observaba el agua incesante en aquella noche de noviembre. La botella de vodka que estaba medio vacía cayó de su mano débil y temblorosa por los efectos del alcohol. Su mirada perdida hacia la nada y el todo, decían mucho sobre él, y su rostro parecía mucho más envejecido de lo que en realidad era. Su respiración no emitía ningún sonido, ya que apenas lo hacía, pero en su cabeza solo estaba el deseo de volver a ver a su fallecida esposa. Solamente repetía en su mente, una frase que hasta el momento, para él carecía de sentido:- ¡Daría mi alma por volverte a ver! -. No tardó en llegar la hora. Las agujas del reloj de pared del pasillo exterior acababan de señalar las doce de la noche. Las luces de todos los despachos se apagaron con un sonido agudo y distante, mientras él seguía allí, inmóvil como un viejo tronco perdido en un bosque sin dueño. En un instante, su vista ennegreció de una manera fugaz, dejándolo estupefacto frente aquella ventana. Sus pupilas se abrieron como si hubieran visto algún tipo de criatura de otro mundo. Sus manos se agarraron con fuerza a sus pantalones de color marrón oscuro, dejando una escena de pánico mudo, que solo él sabia. Una esfera de luz muy brillante se acercaba hacia el rápidamente, desvaneciéndose en el aire justo antes de tocar el cristal de la ventana, dejándolo estupefacto, creía haberla visto…
- The Dream
Las gotas de lluvia golpeaban con fuerza sus sombreros grises y algo anticuados. El olor del vapor de las calefacciones se mezclaba con el paisaje gris y oscuro de aquella calle solitaria. Los tres estaban esperando el momento bajo la farola de la esquina, mientras uno de ellos encendía un cigarrillo sin filtro. Tan solo quedaban unos minutos para cumplir su cometido, pero el tiempo parecía ir mas despacio a voluntad. No tenían prisa pero su obligación tenían que ejecutarla eficazmente. Unos minutos después las campanas de la iglesia que estaba situada cuatro calles mas abajo, empezaron a emitir el mismo sonido, a la misma hora en cada noche del año. Eran las doce y los tres empezaron a inquietarse. Desde el final de la calle unos pasos se acercaban, lenta y pausadamente. Un sonido agudo y metálico, rebotaba por las paredes y las aceras, hasta que la luz de una de las farolas de la calle iluminó su rostro. Los tres empezaron a avanzar hacia él, primero despacio y luego acelerando cada vez más el paso. Él se quedó quieto, sin comprender que era lo que estaba ocurriendo. Uno de ellos sacó un revolver, y los otros dos imitaron el mismo gesto, casi tan perfectamente organizados como una coreografía en teatro. Las llaves del apartamento de él cayeron al suelo emitiendo el mismo sonido agudo y penetrante que habían escuchado hacía unos segundos atrás. Empezó a huir desesperadamente de donde había venido, corriendo tan rápidamente como pudo. Los tres empezaron a perseguirle como si fuera una caza de brujas y persiguieran a un poseído por el demonio. Él, corriendo sin cesar, pudo divisar una puerta entre abierta que estaba situada bajo un edificio viejo y que parecía abandonado ya hacia mucho. El número del portal era el 4027, y le era familiar. Sin vacilar entró en él, con la suficiente rapidez como para esquivar el primer disparo producido a unos veinte metros. Las paredes del vestíbulo eran de color verde oscuro, y las baldosas del suelo eran rojas y con formas asimétricas. Al final de todo observó unas escaleras que conducían a los pisos de arriba. Se dirigió hacia ellas, asustado y sin comprender porque tres personas quería matarle sin más. Sus pasos, cada vez eran más rápidos por aquellos escalones de madera viejos y algo podridos. Su respiración era más ahogada y sus latidos tan intensos, que casi podían escucharse a varios metros. Los disparos se escuchaban en los pisos de abajo y las balas silbaban cerca de su cabeza. Debía darse prisa antes de que alguna le alcanzara. Seguía subiendo sin saber donde, pero ya estaba en el noveno piso y se acercaba. Al fin, delante suyo encontró el cartel que alguien le advirtió. Las letras rojas, medio borradas por el paso del tiempo, tras una luz moribunda y débil decían : Salida. Bajo estás estaba una puerta de hierro gris, vieja y oxidada. Una sonrisa de alivio se dibujó en sus labios y fue hacia ella, que empujándola de un golpe abrió sin esfuerzo. Las luces de neón iluminaron su rostro cansado y sin aliento. Se encontraba en la azotea y desde allí podía divisar gran parte de la iluminada ciudad. Su angustia fue en aumento al ver que no tenía escapatoria, y detrás suyo, los perseguidores le acechaban… ya llegaban. Al volver la vista al frente, delante suyo, la esfera se postró cerca de él. A unos dos metros del suelo flotaba, como si le estuviera observando y esperando para aquel momento. En su interior estaba ella, llamándolo con voz aguda y débil. En un instante, la esfera, empezó a girar sobre si misma a una velocidad progresivamente acelerada y de su superficie empezó a surgir el color azul eléctrico, tan intenso que le cegó en un instante. La puerta de la azotea se abrió y se escuchó un disparo…
La alarma del despertador se encendió y de nuevo eran las siete de la mañana. Era martes, dieciséis de noviembre y el ambiente frío de su habitación le acariciaba la cara.
- Watermind
Los días pasaban, pero el estaba obsesionado con el sueño, con aquella esfera, con su rostro. Aquel sueño le dejo confuso, con miedo, con dudas de lo que aquello representaba, pero en cambio parecía tan real, tan vivo, que aun podía sentir el frío de aquella noche. Una y otra vez se preguntaba el porque de aquella intensidad, de aquella sensación tan viva, del porque aparecía ella. Ya no podía dormir. Cada vez que pensaba, su necesidad de verla, de tocarla, era mayor. Cada vez la necesitaba mas, y deseaba durante noches enteras, que aquel sueño, volviera. Poco a poco se fue adentrando mas en si mismo, alejándose mas y de los demás y de la realidad tal y como la entendemos. En el trabajo, ya no era el mismo. Sus negocios tenían pérdidas y la bancarrota se podía predecir sin dificultad. Pero su deseo era mucho mas importante que todas aquellas cosas tan mundanas. Necesitaba encontrar la manera de ir hasta ella, lo necesitaba con todas sus fuerzas y el tiempo empezaba a agotarse. Tenia que averiguarlo. Las ideas, los pensamientos, los recuerdos, se iban amontonando en su mente, quitándole espacio a sus pensamientos propios, y poco a poco a su voluntad. Una voz le llamaba. Una voz se podía oír a lo lejos, sin duda era ella.
- The First Encounter
En la calle parecía un vagabundo perdido. Buscaba desesperadamente aquella mujer que tiempo atrás, habían vivido experiencias inolvidables. Buscó en todos los rincones posibles de aquella extraña ciudad. Su mente no podía pensar en otra cosa. Preguntaba a la gente que se encontraba con el, enseñando su fotografía en la que aparecía ella, sentada frente al lago donde pasaron sus mejores vacaciones. Nadie le podía responder. Huían despavoridos al ver su actitud tan desesperada y extraña. De pronto un viento glacial le empujó por la espalda. Al girar la mirada hacia aquella sensación tan extraña, se dio cuenta de que no había nadie. La gran avenida estaba desierta. Hacia tan solo un segundo, estaba repleta de gente ya que era la hora punta de las primeras horas del día. El paisaje era desolador. No había nadie, ni coches, ni gente… nada. Solo estaban los edificios de negocios que se elevaban hasta el cielo y se perdían en la niebla que apareció de repente. Corrió de un lado para otro, pero todas las calles estaban mudas y vacías. No conseguía comprender nada de lo que le estaba ocurriendo. Detrás suyo, al final de la avenida pudo ver una figura luminosa. La reconoció tan solo verla, era ella. Desesperado corrió hacia donde se encontraba y cada vez que estaba mas cerca una alegría jovial le recorría todo el cuerpo. Al estar frente a ella una lágrima se deslizo por su rostro. Vestía con una túnica blanca, parecía un ángel venido del cielo. Ella extendió la mano con un gesto de complicidad. El la imitó y la punta de sus dedos se tocaron tímidamente. La esfera los acogió a los dos. Se envolvieron en un haz de luz que giraba alrededor .Enseguida noto que algo no iba del todo bien...
-Black Sphere
Oscuridad. Nada mas. Tan solo era consciente de su propia persona y no se parecía en nada a la que fue en las últimas semanas. Y todo empezó desde aquel lejano y débil sueño. No recordaba lo que había hecho o dejado de hacer. El tiempo y el espacio dejaron de existir, pero en el silencio de aquella oscuridad surgió un punto de luz. Aquella pequeña llama en forma de esfera empezó a acercarse . Poco a poco, en su interior, fue divisando la forma de una mujer conocida por él. No había duda, era ella. Su rostro blanquecino, parecía iluminarse por una luz que no existía, y sus ojos tenían aquella mirada dulce de siempre. No habían palabras, solo pensamientos entre ellos dos. La música del silencio flotaba en el vacío, ajena a lo que ocurría. Sus miradas se clavaron en los ojos de cada uno, dejando ver el alma, dejando ver la mente. De nuevo, oscuridad.
- Eyes Of Death
Sus ojos se abrieron con dificultad. Se encontraba tumbado en la cama, recordaba vagamente algo, pero no sabia el qué exactamente. Las manos las tenia paralizadas, su cuerpo no lo podía mover, estaba quieto, sin fuerzas y por mucho que lo intentara ningún reflejo de su cuerpo obedecía las órdenes del cerebro. No tardó mucho en darse cuenta de que su cuerpo ya no lo controlaba. Esa sensación era algo horrible, no se podía comparar con ningún dolor que hubiera experimentado antes. Sentía una angustia de manera creciente y parecía que estaba encerrado en una urna de cristal. Intentaba gritar, pero su garganta no emitía ningún sonido. Ninguna voluntad que quería ejercer sobre su cuerpo físico tenía respuesta. Ahora ya no era cosa suya. De pronto, como por una fuerza invisible, se levantó de la cama, se puso en pie y se dirigió hacia el gran espejo que estaba situado en la entrada del lujoso apartamento. En él, se reflejaba su rostro, pero no lo reconocía. Daba un miedo aterrador, esa mirada fría y perversa que estaba enfrente. Volvió a intentar gritar desesperadamente, pero nada, todo fue en vano. De pronto unas palabras salieron de aquellos labios que ya no eran suyos :- Tus ojos ahora son míos, observa a través de mi todo el terror que sembraré en esta oscura tierra de mortales. En un instante lanzó una carcajada al aire con una voz que con palabras es imposible describir.
- Sacrifices to the immortal
Aquel ser que ya no era él, se movía rápidamente por la ciudad. Sus movimientos eran extraños, como si de un animal se tratara. Vestido con tejanos, camiseta negra y unas botas se dirigió hacia un callejón solitario, oscuro y algo sucio. Allí estaba su próxima victima y esta vez era un anciano que estaba depositando los desperdicios diarios en un contenedor metálico de color gris. No se había percatado de la silueta del nuevo residente que habitaba en su cuerpo o que al menos eso creía el. Corrió hacia el pobre anciano con movimientos en zigzag a una velocidad increíble para un ser humano. Al mismo tiempo desenvainó el enorme cuchillo ensangrentado por sus doce anteriores victimas de aquella misma noche. El resto no se puede describir. Al terminar el atroz y brutal asesinato, de inmediato, sus ojos se abrieron de tal manera que dejaban un rostro de locura sin sentido. Él, atrapado en la oscuridad de su mente, notó que empezaba a viajar a una enorme velocidad a través de un oscuro túnel, al final de este había claridad y hubo una explosión de luz. La realidad volvió a su vida, podía moverse, gesticular y de nuevo era dueño de su cuerpo. Solo pasaron unos segundos. Observó sus manos llenas de sangre, agarrando con fuerza el enorme cuchillo que había sido la herramienta de todos aquellos sangrientos crímenes sin sentido aparente. De pronto un sonido agudo y distante que se iba acercando cada vez mas rápido. Al girar la vista, observo a la entrada del callejón, varios coches de la policía que se detuvieron violentamente. Mas de una docena, le apuntaban con sus armas reglamentarias ordenándole que se tirara al suelo. Con aquella situación, su débil cordura desapareció.
- The Truth
Una débil luz entraba por la ventana de la habitación. El atardecer terminaba y la noche volvía a invadir todo lo que estaba a su alcance. Las goteras del tejado y las paredes grises, hacían de aquel lugar algo deprimente, triste, solitario… Sus ojos, mirando hacia la nada, hacían terminar la escena con un rasgo de locura. No podía creerlo, estaba allí, maniatado en una silla, preguntándose que hacía allí dentro. Quería gritar pero no podía a causa de los tranquilizantes que le habían inyectado. Fuera, en el pasillo de color gris, se escuchaban los murmullos de dos hombres. El tono era de preocupación y de enfado. A través de la pequeña ventanilla de la puerta, pudo observar a un hombre vestido con gabardina y a otro con bata blanca. No entendía nada, solo que quería salir, liberarse. Ningún esfuerzo sirvió de nada. De pronto un sonido de llaves, entraba por el cerrojo de la puerta. Dos giros, quedó cerrada y los murmullos se alejaron. Allí ya no había nadie. Solo él. El pánico empezó a invadirle de pies a cabeza. Los temblores producidos por el terror fueron tan fuertes que el incisivo derecho se partió en dos con una fuerza brutal. Notaba una sensación extraña, como si ya la hubiera vivido antes y no quería volver a repetirla, prefería morir antes de volver a revivir lo que ya no recordaba. En aquel momento los relojes se pararon. Un silencio sepulcral se aposentó allí, un silencio que intuía algo extraño. La tormenta del pasado volvió, retumbando como tambores de guerra, y la lluvia empezó a caer de nuevo. Su atención se centro en la ventanilla de la puerta. Un destello que provenía del pasillo lo invadió todo, dejando iluminada la estancia con una tensión invisible. Unos pasos se acercaban lentamente. Se pararon frente a la puerta, el cerrojo giró dos veces, la puerta se abrió y apareció. Un grito de horror salió de su boca deshidratada, dejándolo al borde del desmayo. Aquella silueta ya no parecía la figura de su esposa, era el ser que habitaba dentro de ella, y de él. En ese instante lo recordó todo como una película vieja quemada por el tiempo. Aquel ser tenía la forma del miedo, la forma oscura de los terrores y el rostro de la muerte. Una carcajada de horror salió del aquel siniestro ente. Sus tímpanos casi estallaron y su cara quedó paralizada para siempre. Ya acabo todo. La puerta se cerró con un fuerte estruendo y aquel ser se alejó por el oscuro pasillo, con sus carcajadas rebotando entre las paredes, orgulloso de capturar otra alma de entre todos aquellos mortales. Ahora lo comprendía todo. Sabía que nadie le escucharía jamás, porque en el informe decía que su enfermedad mental que padecía, le dejaría encerrado en el viejo psiquiátrico hasta el resto de sus días...